
Verónica G.
Hace unos años, me di cuenta de que algo no encajaba.
Viajaba constantemente, trabajaba con marcas increíbles y, aun así, sentía que faltaba algo. Estaba creando vídeos bonitos… pero vacíos.
Hasta que un día me hice la pregunta: ¿Por qué algunos vídeos te marcan y otros se olvidan en segundos?
Ahí entendí algo que cambiaría mi carrera: no son las imágenes lo que vende, son las historias que hacen sentir.
Desde entonces, dejé de pensar en vídeos como piezas sueltas y empecé a diseñar experiencias narrativas: piezas que conectan, emocionan y convierten. Porque contar historias no está reñido con la estrategia; al contrario, es una de las herramientas más potentes para amplificarla y lograr resultados reales.
Hoy, trabajo con marcas que entienden que sus clientes no compran habitaciones, experiencias o productos:
compran cómo les haces sentir.
Y cuando esa emoción se combina con intención y estrategia, deja de ser solo memorable: se vuelve rentable.
Si buscas algo más que un vídeo bonito, estás en el lugar correcto.